ALIMENTACIÓN Y EMOCIONES

ALIMENTACIÓN Y EMOCIONES

Comer no es un hecho meramente fisiológico cuya única finalidad es cubrir los requerimientos nutricionales y asegurar la supervivencia del individuo. La conducta alimentaria forma parte del conjunto de factores culturales, sociales, psicológicos, religiosos, económicos y geográficos que integran un determinado grupo social. Estos factores están íntimamente asociados a situaciones, condiciones y circunstancias que marcan un determinado ambiente, un estilo de vida que proporciona al individuo una identidad que favorecerá su integración o inadaptación al grupo.

La relación entre emociones y salud se remonta a los orígenes de la medicina con Hipócrates, que creía que las pasiones influían en el cuerpo y podían causar enfermedades. Posteriormente, Galeno, propuso que cada emoción estaba asociada a un fluido del cuerpo: sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla. Así, por ejemplo, el exceso de bilis negra puede causar depresión y enfermedad. Esta doctrina perduró hasta el siglo XVIII .

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) se define la salud como un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Así, se introduce el concepto de salud positiva (bienestar) que supera al antiguo concepto de salud negativa (ausencia de enfermedad).

Se ha demostrado que las personas que tienen actitudes positivas, que gozan de estabilidad emocional o que reciben apoyo emocional, están en mejores condiciones para prevenir o superar ciertas enfermedades.

Es entonces que, el bienestar corporal depende en gran medida de los estilos de vida saludables: vida ordenada, alimentación sana, ejercicio físico, descanso suficiente, evitar el consumo de drogas.

De acuerdo a varias investigaciones, ocho factores de riesgo son responsables por sí solos de más del 75% de los casos de enfermedades del corazón, la principal causa de muerte a nivel mundial, a saber: el consumo de alcohol, la hiperglucemia, el consumo de tabaco, la hipertensión arterial, un IMC elevado, la hipercolesterolemia, una baja ingesta de frutas y verduras, y la falta de actividad física. Un consumo suficiente de frutas y verduras podría salvar hasta 2,7 millones de vidas cada año. La ingesta insuficiente de frutas y verduras es uno de los 10 factores principales de riesgo de mortalidad a escala mundial. Se calcula que la ingesta insuficiente de frutas y verduras causa en todo el mundo aproximadamente un 19% de los cánceres gastrointestinales, un 31% de las enfermedades del corazón, y un 11% de los accidentes a nivel cerebral.

 La salud no es solamente la ausencia de enfermedad, sino la presencia de bienestar físico, psíquico y social. Aquí queda clara la relación entre cuerpo y mente. También queda clara la relación entre mente y emoción: la psicoterapia es eminentemente terapia emocional, ya que las enfermedades mentales son principalmente de carácter emocional.

Con cada bocado y cada trago tomamos decisiones sobre nuestra salud y nuestro bienestar. Elegimos lo saludable o lo perjudicial, a veces sin ser plenamente conscientes de ello. Incluso siendo conscientes, a veces tomamos decisiones sin valorar las consecuencias perjudiciales a largo plazo.

Algunas investigaciones sugieren que el funcionamiento del corazón afecta a las funciones cerebrales y como consecuencia al pensamiento, las emociones y al comportamiento. En este sentido se han encontrado relaciones entre alimentación y comportamiento antisocial, violencia y delincuencia.

La conclusión es que el cerebro necesita amor y educación; pero también los nutrientes necesarios. Ambos son indispensables para poder funcionar de forma apropiada. Si somos lo que comemos, cambiando la alimentación se puede cambiar a las personas. De ello se derivan recomendaciones alimentarias para las familias, centros educativos, hospitales, centros penitenciarios, y para la sociedad en general.

Las rutinas familiares giran en gran medida en torno a la mesa donde la comida suele estar presente. El amor, la acogida, la amistad y otras emociones se expresan muchas veces con el ofrecimiento de algo para ingerir. Los momentos alrededor de la mesa, una buena comida en familia o en pareja, son ocasiones para experimentar bienestar consciente. En síntesis, el bienestar físico depende de una alimentación equilibrada. Conviene evitar los excesos de los países industrializados, así como superar las limitaciones de ciertos países en vías de desarrollo. Una dieta apropiada es un factor esencial de salud y bienestar.

 

BIBLIOGRAFIA

(Bisquerra, 2013).

(Gesch, 2005; Nunes et. Al 2010; Juli MR, 2015; Russell et. Al, 2016).


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